Eficiencia energética la única salida estructural frente al estiaje que pone en jaque al Ecuador
En Quito ExpoEnergía & Energy Summit Ecuador 2026 el 4 y 5 de marzo.
Ecuador, febrero de 2026. — El estiaje dejó de ser un fenómeno climático excepcional para transformarse en una vulnerabilidad estructural del sistema energético ecuatoriano y, por extensión, en un problema de política pública, productividad y competitividad nacional. Los racionamientos eléctricos registrados entre 2024 y 2025 evidenciaron no sólo la alta dependencia hidroeléctrica del país, sino también una deuda histórica en materia de eficiencia energética, planificación de la demanda e inversión en resiliencia del sistema eléctrico.
En mayo de 2025, Ecuador alcanzó un pico histórico de demanda eléctrica de 5.110 megavatios, cifra que superó las proyecciones del Plan Maestro de Electricidad y encendió las alarmas del sector. Este escenario se agrava si se considera que más del 80 % de la generación eléctrica proviene de fuentes hidroeléctricas, cuya producción se reduce drásticamente entre octubre y marzo, período crítico del estiaje.
Las consecuencias de esta fragilidad energética trascienden lo técnico y se traducen en pérdidas económicas significativas. Según el Banco Central del Ecuador, los apagones de 2024 generaron perjuicios cercanos a USD 1.916 millones, equivalentes a entre 1,4 % y 1,5 % del PIB nacional. Solo el sector industrial perdió aproximadamente USD 1,1 millones por cada hora de corte eléctrico, afectando producción, empleo e inversión.
A esta situación se suma un sistema de transmisión y distribución con pérdidas técnicas y no técnicas cercanas al 20 %, muy por encima de los estándares internacionales. En términos prácticos, uno de cada cinco kilovatios generados nunca llega al usuario final, lo que refleja una ineficiencia sistémica que el país ya no puede permitirse.
Frente a este panorama, la eficiencia energética emerge como el recurso más inmediato, económico y sostenible para enfrentar el estiaje. A diferencia de las nuevas centrales eléctricas, que requieren años de planificación y construcción, las medidas de eficiencia energética podrían reducir entre 10 % y 25 % la demanda eléctrica y energética en los sectores industrial, comercial y residencial en el corto plazo.
La intensidad energética del Ecuador, que se ubica en 0,89 barriles equivalentes de petróleo por cada mil dólares de PIB, revela un amplio margen de mejora, especialmente en sectores como transporte e industria. Esto demuestra que existen oportunidades claras para optimizar el consumo mediante tecnologías eficientes, gestión de la demanda y modernización de equipos.
Históricamente, la respuesta estatal al estiaje ha sido reactiva, con importación de energía a precios elevados, activación de generación térmica y aplicación de medidas de emergencia. En el primer trimestre de 2025, Ecuador llegó a pagar hasta 64 centavos de dólar por kilovatio-hora importado desde Colombia, trece veces el costo normal, presionando las finanzas públicas y el esquema tarifario.
En contraste, países como Perú han avanzado hacia una matriz energética más diversificada y han consolidado políticas sostenidas de eficiencia energética, logrando estabilidad tarifaria e incluso reducciones en el costo de la electricidad residencial superiores al 8 % en 2025.
Más allá de debatir sobre nuevas centrales solares, eólicas o térmicas, la pregunta central para Ecuador es otra: ¿por qué la eficiencia energética no ha sido elevada al rango de política de Estado?
Incorporar la eficiencia energética como eje estratégico no solo aliviaría la presión sobre el sistema durante el estiaje, sino que también permitiría reducir subsidios, mejorar la competitividad industrial, disminuir emisiones y fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico ante el cambio climático.
La reciente crisis eléctrica dejó claro que el estiaje no es únicamente un problema climático, sino el resultado de decisiones postergadas. Colocar la eficiencia energética en el centro del debate público ya no es una opción técnica, es una urgencia económica y estratégica.
Este será uno de los temas clave de discusión en los espacios técnicos e institucionales del sector energético durante 2026, donde autoridades, industria, sector financiero y expertos deberán definir si Ecuador seguirá reaccionando al estiaje o dará el paso definitivo hacia su prevención.

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